Reseña: El Conde de Montecristo

Buenas tardes a todos, mis queridos lectores.

Como quizá no se han dado cuenta, no he publicado en el blog desde hace casi medio año. ¿Mis motivos? Pensé que a estas alturas tendría más información de mi próximo libro, pero me he percatado de que su estreno se atrasará varios meses más. Debido a esto, decidí aprovechar este bello espacio para publicar algunas entradas de mi antiguo blog. Las entradas estarán corregidas y aumentadas (en su caso) y espero las disfruten tanto como yo llegué a hacerlo en su momento.

¿Y cómo empezaremos? Con la reseña de uno de mis libros favoritos.

Muchos libros me han quitado noches de sueño y me han generado enfermizas obsesiones. La Odisea es el ejemplo más claro, pero el Club de la Buena Estrella y LOTR son otros ejemplos de las modas que se imponen en mi cabeza con más frecuencia de la que deberían.

Hace no mucho mi fanatismo me llevó a los Tres Mosqueteros: una novela divertida, ligera y honestamente populachera. Era cuestión de tiempo para que mi agrado hacia Alejandro Dumas me llevara hacia otro de sus longsellers: El Conde de Montecristo.

Abrí el libro con reticencia. Gracias a sus varias adaptaciones sabía de qué trataba la historia, pero no me llamaba en exceso la atención. Además era un libro largo, pesado y que había inspirado a una telenovela latinoamericana.

En un intento de ser lo más optimista posible, abrí la primera hoja y fue entonces que conocí a Edmundo Dantés: un marino sumamente hábil y noble, aunque no precisamente muy inteligente o interesante. A pesar de su corta edad, Edmundo fue elegido como el nuevo capitán de uno de los barcos del comerciante Morrel: el Faraón. Radiante de felicidad, corre a su humilde casa en Marsella para darle la buena nueva a su anciano padre y a su hermosa prometida, Mercedes.

No pudiendo esperar más tiempo, Mercedes y Edmundo deciden casarse e iniciar una nueva vida juntos, protagonizando una trillada historia de amor como cualquier otra.

Afortunadamente, esta historia de amor es truncada de un modo cruel y terrible. La felicidad de Edmundo despierta el encono de cuatro personajes: Fernando Mondego, el primo de Mercedes a quien ama desde que eran pequeños; Danglars, primero al mando del Faraón, celoso de que el Sr. Morrel eligiera a Edmundo antes que a él para ser el nuevo capitán; Villefort, subprocurador del rey que reconoce en Edmundo un testigo con información que podría perjudicar toda su carrera política; y Caderousse, un panadero fácilmente corruptible que no era tan malo en un inicio pero cuya torpeza y avaricia lo llevarán a caer muy bajo.

Estos cuatro personajes pondrán su granito de arena para acusar a Edmundo de un crimen que no cometió y encarcelarlo en el temible calabozo del Chateau d’If en una rocosa isla cerca de Marsella.

Encarcelado por un motivo que desconoce, Edmundo es llevado al borde de la desesperación, la locura y el odio. Pasan los años y nuestro protagonista comienza a convencerse de que su padre ya no sigue con vida y de que Mercedes seguramente se ha olvidado de él. Solo un sentimiento evita que se suicide: esperanza.

Un día, por azares del destino, conoce a otro prisionero llamado Faria. Este es un abate al cual llaman loco debido a que constantemente ofrece millones de libras con tal de que lo liberen. Juntos, idean un plan para escapar de prisión. En sus tiempos libres Faria le enseñará a Edmundo todo lo que sabe, que es bastante. Faria es un gran estudioso, químico por nacimiento e historiador por experiencia. Por si fuera poco, le ayuda a entender quiénes fueron los culpables de su encarcelamiento. Poco a poco Edmundo comenzará a llenar su cabeza con ideas de venganza.

Pasa el tiempo y, finalmente, a 14 años del encarcelamiento de Edmundo, este logra escapar. No solo eso, también descubre que el abate Faria no estaba tan loco como todos creían. Después de seguir sus cuidadosas instrucciones, Edmundo llega a una pequeña isla llamada Montecristo donde yace un tesoro invaluable.

Y cuando digo invaluable me refiero a que Edmundo se hace repugnantemente millonario.

Algunos años después, cambiado por el dinero, los viajes, los años de encarcelamiento y el recelo, Edmundo llega a París con una nueva identidad: el Conde de Montecristo.

El conde es visto por sus congéneres como un millonario sapientísimo y extravagante, pero con un halo de misterio y peligrosidad: una persona de la que saben que se tienen que cuidar pero que pocos lo hacen porque es sumamente encantador. El conde es atractivo, inteligente, astuto y su amabilidad tacha a lo absurdo. Son todas esas cualidades las que distraerán a los parisinos de su verdadero propósito en la ciudad: vengarse de Villefort, Danglars y Fernando.

Estos hombres se la han visto bastante bien desde que Edmundo desapareció. Fernando se casó con Mercedes y se convirtió en un valiosísimo oficial del reino; Danglars se volvió un importante banquero lleno de recursos; y Villefort se convirtió en el útil y estricto procurador. Así pues, los tres manejan los tres poderes de París: el ejército, la economía y la ley.

Aun así, el conde tiene sus movimientos bien planeados para asegurarse de aplastar a los tres traidores con toda la fuerza que Dios impuso en él: el autoproclamado ángel de la venganza.

Lo ayudarán incondicionalmente sus sirvientes, entre los cuales se encuentra un hombre grande y fuerte llamado Alí y la hermosísima Haydée, una princesa griega a la que compró en un mercado de esclavos. También utilizará como medios de su venganza a los familiares y amigos de los traidores, tejiendo así una intrincada red que la mayoría de sus enemigos no verá sino hasta que sea demasiado tarde.

El Conde de Montecristo es una novela de venganza que nos instará a llegar hasta el final para saber cómo es que el trío maligno recibe su merecido. Edmundo es un protagonista que despierta mucha empatía y el lector no querrá otra cosa sino verle triunfar.

Tenemos muchísimos personajes y la mayoría de ellos serán importantes en algún punto, lo cual hace que sea un libro complicado de iniciar. Hay personajes agradables, desagradables y adorables. Por ejemplo, en lo personal creo que Fernando es de esos personajes que amamos odiar. No es un hombre terrible pero, ¡joder! lo queremos bien muerto. Caderousse, en cambio, es sucio y no muy inteligente. Tuvo varias oportunidades para redimirse, pero decidió no hacerlo y la muerte parece un castigo muy pobre para su estupidez.

¿El Conde?

Es delicioso. Es hermosamente maligno, asquerosamente millonario y, sobre todo, brillantemente inteligente. Sin duda está entre mis cinco protagonistas favoritos de la literatura.

En cuanto a nivel literario, el estilo es ligeramente más cuidadoso que en el de los Tres Mosqueteros. Es un lenguaje simple, pero con varias alusiones históricas y culturales. No obstante, la complicada trama se maneja con agilidad e imparte a la lectura una fluidez poco común en libros tan largos.

Existen muchísimas adaptaciones del Conde de Montecristo. Películas, telenovelas, animaciones y comics/manga. No obstante, ninguna de las que he consumido le hacen justicia a un libro tan astuto y emocionante.

El Conde de Montecristo es un libro clásico, divertido y 100% recomendable que debe ser leído por todos aquellos que disfrutan la intriga, las aventuras y los millonarios.

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