Reseña: Blood of Zeus

Quizá ya tarde a la fiesta, pero no importa. La mitología griega es una de mis pasiones y no podía dejar pasar la oportunidad de reseñar una serie que esperé por mucho, mucho tiempo.

Clash of Titans, 1981

Todo empezó como un quedo rumor en las redes sociales. Netflix haría una serie animada llamada Gods and Heroes basada en los mitos griegos. El teaser no daba más información, pero varios pensamos que sería un recuento de la mitología que ya todos conocíamos. El prospecto me emocionó enormemente. Desde pequeña fui fan de las películas clásicas de mitología: Clash of Titans (1981), Jason and the Argonauts (1963), Ifigenia (1977), Helen of Troy (1956). Cada una de ellas alimentó mi imaginación y me lanzaron directo a los libros que relataban sus historias. Aún hoy disfruto el género péplum, pero ninguna película o serie reciente había despertado mi interés como lo hicieron las películas viejas.

No tengo respuesta al por qué de ese desencanto. No puedo decir que las películas viejas fuesen más fieles a los mitos (para nada), ni que la rimbombancia fuese menor o que las actuaciones fuesen mejores. Simplemente no sentía lo mismo.

Así pues, la noticia de Gods and Heroes brilló ante mí como una nueva oportunidad para sentir la misma emoción que sentía mientras veía a Jason combatir en contra de las harpías. Tristemente, pasó alrededor de un año antes de que pudiera saber siquiera de qué iría la historia. Por un tiempo pensé que la animación se había quedado en el tintero, pero estaba equivocada.

Gods and Heroes renacería en el 2020 con el nombre Blood of Zeus.

El proyecto estaba en manos de los hermanos Charley y Vlas Parlapanides y en el escritorio de Powerhouse Animation Studios, quienes fueron los responsables del reciente éxito de Netflix, Castlevania. Blood of Zeus prometía un bello diseño de personajes, una historia llena de acción y violencia y, quizá, algo que me hiciera remembrar mis años mozos.

Y al final, ¿Blood of Zeus cumplió lo que prometía?

Antes de responder a la pregunta, habrá que contar de qué se trata esta historia.

La historia comienza con la introducción de nuestro protagonista, el cual tiene el nada sutil nombre de Heron (Derek Phillips). Este muchacho vive junto a su madre, Electra (Mamie Gummer), en una montaña cercana a un polis (ciudad). ¿Y por qué viven en la montaña y no en el polis? Porque son unos parias. Para empezar, Heron es un bastardo, lo cual ya teñía a su pequeña familia de vergüenza, pero además, la llegada de este par significó la aparición de gruesas y oscuras nubes sobre la polis. Dichas nubes no se desvanecían ni siquiera en primavera y los habitantes del pueblo las interpretaron como la mala suerte que acarreaban tanto Electra como Heron, así que optaron por mantenerlos lo más lejos posible.

Heron se preguntaba constantemente por qué tenían que permanecer en un lugar que tanto los odiaba, pero su madre siempre insistía en permanecer ahí. Frustrado y confundido, lo único que Heron podía hacer era trabajar arduamente para traer aunque fuera algunos dracmas a la casa.

Todo apuntaba a que Heron viviría el resto de su pobre vida en esa fría y destartalada casita, hasta que, una noche, las cosas cambiaron para siempre.

El pueblo fue atacado por un demonio. La criatura era viciosa y poderosa y Heron tuvo la mala suerte de encontrarse con él. Como buen protagonista, Heron le da pelea a la criatura, pero no importa su entusiasmo, al final estará a punto de perecer bajo sus garras. Es entonces que aparece Alexia (Jessica Henwick), una poderosa guerrera que, junto a sus soldados, llega a la polis en búsqueda del demonio. Alexia salva a Heron y captura al demonio. Sin embargo, ella sabe bien que él es solo uno de las varias criaturas que asolan el mundo de los humanos y que es apenas una muestra de todo lo que está por venir.

Se nos explica que, tiempo atrás, existió una batalla entre los Dioses del Olimpo y los Gigantes. Los Gigantes eran unos monstruos terribles y poderosos que buscaban conquistar el mundo; una maldición legada por los Titanes que murieron a mano de sus propios hijos cuando estos decidieron revelarse ante ellos. Comandados por Zeus, los olímpicos fueron capaces de destruir a los Gigantes. Los Dioses sellaron sus almas en un caldero forjado por Hefesto, mientras que sus cuerpos fueron tragados por el mar.

Desafortunadamente, parece ser que el cuerpo de uno de los Gigantes fue descubierto. Seducidos por la promesa de poder sobrenatural, un grupo de humanos decide adorar al Gigante y comen de su cuerpo para convertirse en demonios. La misión de estas criaturas es la de liberar las almas de los Gigantes y no descansarán hasta destruir a cualquiera que se ponga en su camino.

Tras descubrir el peligro en el que se encuentra la humanidad, Heron hace lo que cualquier hombre sensato haría: intenta escapar. Sin embargo, Electra no tardará en detenerlo. Los demonios, le explica, serán la menor de sus preocupaciones si acaso llegan a alejarse de la protección de las nubes. Después de todo, Heron no es cualquier bastardo, es un bastardo del mismísimo Zeus, quien utiliza las nubes para ocultarlos de la ira de Hera. La Diosa es rencorosa y no dudará en acabar con Heron y Electra si acaso llega a descubrirlos.

Heron apenas comienza a digerir la noticia cuando la polis es atacada nuevamente, pero esta vez el enemigo no es uno, sino un grupo de demonios comandados por el poderoso Seraphim (Elias Toufexis). Pronto, Heron se dará cuenta de que no tendrá más alternativa que involucrarse en la guerra contra los demonios. Peor aún, se dará cuenta de que Electra tenía razón al decir que los demonios no eran tan terribles como la furia de Hera.

Esa es, a grandes rasgos, la premisa de Blood of Zeus. Podrán ver que es una historia bastante arquetípica. Es un «viaje del héroe» en el sentido más puro de la palabra y fue escrito con un claro conocimiento del monomito griego. No obstante, es bien sabido que los arquetipos no son malos; al contrario. Han estado con nosotros desde hace siglos porque funcionan. Nos ayudan a identificarnos con los personajes y, bien trabajados, incluso pueden sorprendernos.

Blood of Zeus entra en esta categoría. El hecho de tenerla en animación le da un giro excitante, la historia es inmersiva y los personajes son entrañables. Blood of Zeus fue capaz de despertar mi nostalgia con referencias a unas de mis películas favoritas y su balance entre humor, drama y acción es bastante equilibrado.

Como mencioné antes, el diseño de personajes es excelente, sobre todo el de los olímpicos y los Gigantes, y las escenas de acción son emocionantes, pero gráficas (algo no necesariamente malo). La música, compuesta por Paul Edward-Francis, es emotiva, dramática y, cuando tiene que serlo, épica. Es uno de los mejores OST que he escuchado en mucho tiempo y ayudaron a levantar algunas escenas que, por sí mismas, quizá no hubiesen sido tan conmovedoras. El doblaje en inglés es muy bueno (disfruté especialmente el trabajo de Toufexis), pero si están demasiado acostumbrados a ver anime, quizá la mejor opción será verla con subtítulos y audio en japonés en donde los actores hicieron también un gran trabajo. La animación es buena, mas no increíble. Hay varias escenas en donde los movimientos pierden definición y fluidez y ocasionalmente hay unas escenas demasiado estáticas. No obstante, el estudio supo aprovechar bien su presupuesto. Las escenas más importantes fueron animadas con lujo de detalle, mientras que las escenas intermedias sufrieron la baja de calidad.

Blood of Zeus cumple lo que promete: una historia emocionante, si bien no completamente apegada al canon mitológico, con una buena dosis de acción. Tiene, sin embargo, sus fallas y considero importante mencionarlas.

Es muy claro que no hubo muchas mujeres involucradas en la definición del proyecto. Esto ocasiona que la mayor parte de las mujeres que aparecen en la historia sean únicamente artilugios de la trama para aumentar el dramatismo de la misma. Son, pues, el gatillo que detona la transformación de nuestros personajes y, por lo tanto, mera utilería. Alexia es una de las pocas excepciones, pero ella es una heroína por sí misma. Es decir, conduce su propio «viaje del héroe» y, al no ser la protagonista, solo vemos la mitad de su historia. Por buen personaje que sea, Alexia se siente desencajada del proyecto original, como si fuera una amazona que apareció mágicamente en una historia que ya le pertenecía a alguien más. Por comentarios en las redes sociales de los hermanos Parlapanides, parece ser que perdimos mucha profundidad del personaje debido a cortes que se tuvieron que hacer por tiempo y presupuesto. ¿Comprensible? Sí, pero no por eso deja de sentirse como un desperdicio. Hubiese preferido que le dieran a Alexia menos relevancia en la trama a que nos dejaran insatisfechos.

Ligado al punto anterior, está el caso de Hera. Es bien sabido que desde tiempos del mito Hera era representada como una mujer cruel y rencorosa. Peligrosa y vana, decenas de mujeres y niños inocentes sufrieron por su culpa. Hera cumple nuevamente este rol en Blood of Zeus y es sumamente frustrante. Apolo, Hermes y Zeus sufren una franca hollywoodización. Los pintan como despampanantes héroes. Son nobles y amables y, en el caso de Zeus, víctima de las circunstancias. Olvidamos que Apolo, además de tener muy mala suerte con sus amantes, era tan vengativo como cualquier otro dios. Hermes era astuto y taimado, hábil con las palabras y más cercano a la mentira que a la verdad. ¿Zeus? Zeus era un desastre para la humanidad. Arrogante, controlador, orgulloso, celoso y, por supuesto, ridículamente infiel, jamás se preocupó por crear vínculos con sus hijos más allá del «te ayudaré para que enaltezcas a tu linaje». Temía el momento en el que sus propios hijos lo derrocaran como él lo hizo con Cronos y quizá debido a eso su única verdadera conexión parece ser con Athena.

Si los escritores mejoraron el carácter de Apolo, Hermes y Zeus, no entiendo por qué no lo hicieron con Hera. Al menos hubieran hecho mayor introspección en su personaje para que despertara más nuestra empatía. Es fácil amarla cuando conoces los mitos originales, pero alguien externo difícilmente la verá más allá de «una señora loca de celos que culpa a las personas equivocadas». Hera merecía un mejor desarrollo de personaje y, sobre todo, más justicia.

Originalmente también tenía una queja con el hecho de que pusieran tan en la periferia a Athena. Ella era, sin duda, la consentida de su padre. Solicitaba su ayuda constantemente, le permitía cosas que no le habría perdonado a nadie más y la quería lo suficiente como para compartir con ella su valioso escudo, la Égida. Afortunadamente, después de algunos cuestionamientos, los hermanos Parlapanides confesaron que decidieron dejarla a un lado debido a que tienen planes para un spin-off de ella: Blood of Medusa. Considero que exageraron con eso de no darle tanto protagonismo, pero si el proyecto llega a cuajarse les estaré enormemente agradecida.

«Esperamos hacer una historia de «Blood of Medusa» donde Athena cumpla el rol equivalente a Zeus en «Blood of Zeus». Pero, tendremos que esperar. Es por eso que por ahora la mantuvimos al margen. Pero confíen en nosotros cuando les decimos que ¡¡AMAMOS a Athena!!!»

Podrán ver, entonces, que Blood of Zeus no es perfecta, pero definitivamente es una de las mejores interpretaciones de los mitos griegos que ha habido en años y ciertamente no tiene más pecados que los clásicos como Clash of Titans o Jason and the Argonauts. Al menos tuvieron la decencia de darnos a un Apolo bisexual. Eso es más de lo que la mayor parte de los medios nos ha entregado.

Blood of Zeus consta de 8 episodios de 30 minutos cada uno y la 2da temporada se confirmó casi inmediatamente. La crítica ha sido positiva y el público se quedó con ganas de más. Confío en que la próxima temporada vinculará a Alexia con Heron de un modo más orgánico y que podremos ver una nueva faceta de Hera. Aunque, a decir verdad, no tengo muchas esperanzas de esto último.

Entonces…

¿Lo bueno? El diseño de personajes, la música, los fondos, la acción y la emotividad. Es fácil amar a casi todos los personajes y la narración tiene un muy buen ritmo. Aunque sabemos que el protagonista va a ganar al final, nos emocionamos con él y nos preocupamos cuando se encuentra con un obstáculo. Es, ciertamente, una historia arquetípica bien construida y trabajada que ya no se ve tan seguido debido a que muchos escritores temen caer en lo trillado. No obstante, los clichés son clichés porque funcionan y no tiene nada de malo crear un nuevo «viaje del héroe». Es una ruta que emociona a todos por igual y con la que todos podemos identificarnos. Adicionalmente, los guiños a las películas clásicas de mitología son un gran bonus que no esperaba y que recibí con mucha emoción.

¿Lo malo? La duración. Ocho capítulos no eran suficientes para presentarnos a tantos maravillosos personajes y pudieron, sobre todo, haber hecho más con los femeninos. La animación pudo haber sido mucho mejor y no solo buena. La historia es predecible, pero considero que esto es más una cuestión del género y no tanto un problema de narrativa.

¿Conclusión? Le doy a Blood of Zeus 3 pulgares para arriba. Una excelente alternativa para ver en una fría tarde de invierno. No es perfecta, pero es sumamente recomendada para cualquier amante de la mitología griega y de las historias de acción.

Y bien, con eso los dejo por ahora. Aprovecho este espacio para desearles a todos un maravilloso año nuevo. Pasen estas fiestas rodeados de amor, pero también de responsabilidad. Cuidemos la salud de todos y confiemos en que en el 2021 sea más promisorio que este 2020.

¡Gracias por todo!

Reseña: Song of Achilles

Admito que he dudado por mucho tiempo en escribir una reseña de uno de los clásicos LGBT más clásicos de todos. ¿Por qué? Simplemente por el hecho de que mucha gente ama la Canción de Aquiles, Song of Achilles, escrito por Madeline Miller. Muchos lo aman y yo… simplemente no lo hice.

Sin embargo, es 2020, nuevo año y una nueva oportunidad para ser honestos con el mundo y, sobre todo, de descargar un poco la frustración con la que cargamos antes de que esta comience a destrozarnos por dentro.

*tic en el ojo*

Así pues, con el deseo de no irritar a nadie más de lo usual, procederé a relatar la historia de la Canción de Aquiles y por qué me parece que falló tan terriblemente.

Todo comienza con el que será el protagonista a lo largo de la novela: Patroclo. El joven, hijo del rey Menecio, es un muchacho particularmente promedio. No es especialmente bello, ni inteligente, ni grácil, ni ágil, ni fuerte. El muchacho es tan simple que uno se pregunta qué diablos pensó Menecio cuando decidió convertirlo en un pretendiente para la hermosa princesa de Esparta, Helena, hija del mismísmo Zeus. No obstante, lo hizo y decidió llevar a su pequeño a combatir contra reyes y hombres del linaje de Zeus por la mano de la mujer más hermosa del mundo.

El plan de Menecio se descubriría en Esparta, donde explica que él sería el esposo de Helena en todo menos en nombre. No puede postularse abiertamente porque sigue casado (porque, obvio, eso siempre detenía a los aqueos de tener otras mujeres), pero pueden contar con Patroclo para que tome el nombre de esposo. Menecio es la mejor propuesta, explica, no hay nadie tan rico como él y convertirá a Helena en una poderosa reina.

Desafortunadamente para Menecio, su plan no resulta como esperaba ya que el muy famoso Odiseo hace una mejor propuesta: Helena debe elegir a su propio prometido. ¿Cómo? ¿Una mujer teniendo voz y voto? ¡Pft! Descuiden, no es lo que parece. El asunto es sencillo: sin importar qué prometido elija, lo más seguro es que al menos uno de los aspirantes ignorados decidirá armarse en contra de Esparta para obtener por la fuerza lo negado. Sin embargo, al darle la decisión a Helena, se libera a su nación de la responsabilidad. No solo eso, Odiseo propone que el resto de los aspirantes juren que ayudarán al futuro esposo de Helena si acaso alguien intenta irrumpir en su matrimonio.

Dentro de unos capítulos esta idea sonará terrible, pero en ese momento todo tiene sentido y todos juran respetar la decisión de Helena. La mujer elije a Menelao, hermano del rey de Micenas, y el resto de los pretendientes se retira a regañadientes.

Tiempo después, Patroclo está de regreso en su ciudad y habría vivido el resto de su aburrida vida en la aburrición de no ser porque, cierto día, mata por accidente a un joven. Menecio ve este acontecimiento como una gran oportunidad para deshacerse de su hijo y lo exilia hacia Ftía, al cuidado del rey Peleo.

El rey Peleo era famoso no solo por haberse casado con una ninfa del mar, sino también por su gran colección de muchachos exiliados. Aquella era una situación ganar-ganar: él recibía a jovencitos que, de lo contrario, serían ejecutados por cuestiones varias y su arca se llenaría de tesoros otorgados por los padres de dichos jovencitos.

Será ahí que conocerá al hijo de Peleo, Aquiles. Aquiles es un niño modelo: es bello, inteligente, grácil, ágil y fuerte. Básicamente es todo lo opuesto a Patroclo y, quizá por eso (?), se convierten en los mejores amigos. Patroclo se convierte en el therapon de Aquiles: un hermano de armas que juró proteger la vida y el honor del príncipe. Esta noticia no será bien recibida por la madre de Aquiles, quien espera lo mejor y más grande para su hijo. Afortunadamente, dice, Patroclo no será un inconveniente por largo rato. Su vida será corta y será gracias a su muerte que Aquiles podrá alcanzar la divinidad.

Y ustedes que pensaban que la tenían difícil con sus familires políticos…

La Educación de Aquiles por James Barry

A pesar de la amenaza de la ninfa, Aquiles y Patroclo continúan su amistad hasta la cueva de Quirón, un centauro sumamente inteligente que les enseña artes, herbolaria y medicina. Es aquí que Patroclo finalmente descubre algo en lo que es bueno: curar a los heridos. ¡Y gracias al cielo! ¡Lo necesitará en unos años cuando Paris se robe a Helena y se la lleve hasta Troya, obligando así a Patroclo, Menelao, Odiseo y muchos otros hombres a dirigirse a las lejanas tierras para recuperar a la mujer y hacer algunos saqueos en el proceso!

¡Ups!

Y es que es así, mis queridos. Nuestros muchachos apenas comenzaban a convertirse en verdaderos adultos cuando inicia la guerra de Troya y Patroclo y Aquiles se ven envueltos en el embrollo más por las tretas de Odiseo que por juramentos antiguos.

La expedición es fatídica desde un comienzo. Los jóvenes comprenden que no sobrevivirán a la guerra y será entre tan malos augurios que comenzarán a descubrir lo que sienten el uno por el otro.

El libro, por sí mismo, está hermosamente escrito. Aquiles no solo ama Patroclo con intensidad, sino que en breves palabras es capaz de expresar un mar de dulces emociones. Patroclo, por su parte, corresponde a Aquiles en la misma magnitud, pero a diferencia de él, le cuesta un poco más olvidarse de los oscuros augurios que les depara el futuro.

Tristemente, los dioses son firmes en su decisión: ni uno ni otro sobrevivirá a la guerra y llegará el momento en el que Aquiles tendrá que seguir adelante a pesar de haber perdido a su amado Patroclo.

El libro tiene varios aciertos. El más claro es el hecho de que la autora conoce muy bien el origen de la historia y tiene una buena capacidad para relatarlo. También me gustó el hecho de que Aquiles fuese presentado como el bisexual que era. Fácilmente pudo haber forzado a este personaje a solo tener interés en Patroclo, pero la autora optó por el realismo antes que el romanticismo. Finalmente, la narrativa del libro es especialmente astuta, y nos ofrece un punto de vista diferente al que estamos acostumbrados.

Si esta historia hubiese sido una original, alabaría a la autora por su sencillo estilo de escritura y las hermosas palabras de amor entre los personajes principales.

PERO

No.

Esta no es una historia original. Esta historia está basada en la Ilíada y en varios otros mitos y, si bien la mitología griega no se limita a un canon, lo que sí debería respetar es la congruencia. ¡Y vaya que no tenemos de esa por aquí!

En primer lugar tenemos a Aquiles. En un inicio el muchacho es un jovencito encantador, travieso y ambicioso pero a grandes rasgos no muy diferente a una ninfa de los bosques. Todo va muy bien hasta que empieza la guerra y… pues se nos transforma en un hombre violento y sediento de sangre. Ama y adora a Patroclo, pero el tipo básicamente se vuelve loco de remate y no hay una explicación para el cambio. Es cierto que la guerra cambia a las personas, pero aquí el cambio fue tan brusco que carece de sentido. Pareciera que la autora fue incapaz de ligar al más grande de los aqueos con el hombre que amaba a Patroclo, así que unió dos personalidades muy diferentes en un solo personaje. Esto me pareció sumamente frustrante. La guerra despierta lo peor y lo mejor del ser humano. El maniático asesino de troyanos puede ser, a su vez, el tierno amante de Patroclo, pero en este caso las acciones se sobreponen y terminamos con un Aquiles desbalanceado e incongruente que es difícil de seguir.

En segundo lugar está el resto de los personajes. Tenemos a personalidades de la talla de Agamenón, Ayante y Filoctétes, pero casi todos son acartonados y poco más que extras de una telenovela. Lo peor de todo fue lo que le hicieron a Diómedes. El famoso rey era fuerte y casi tan inteligente como Odiseo, pero lo escriben como un bruto que tiene apenas dos dedos de frente. El único personaje secundario que tiene algo de carácter es Odiseo y eso porque es prácticamente imposible echar a perder a un personaje tan inherentemente carismático. El trabajo de la autora era hacer un fanfic con estos personajes y la autora falló severamente en su misión. Nos trajo personajes que no son los que conocemos y amamos y su mera presencia choca brutalmente con lo que estamos leyendo y lo que creémos que debemos leer.

Cuando tu Patroclo tiene menos personalidad que el Patroclo de la película Troya, tienes un grave problema.

En tercer lugar -y muy ligado al segundo punto-, tenemos a Patroclo. En los mitos, Patroclo era considerado un gran guerrero, un hábil jinete que fue capaz de tornar el curso de la batalla con solo portar la armadura de Aquiles. Es un hombre involucrado en la guerra, quizá no tan deseoso de la fama como Aquiles, pero que buscaba proteger a sus compañeros con ahínco y que, cual Ares, arremetió contra los troyanos y se enfrentó con valentía contra Héctor. El fuerte y aguerrido hombre de la Ilíada en nada se parece al Patroclo de la novela, donde sufre una inquietante feminización que convertirá su relación con Aquiles en algo dolorosamente heteronormativo.

Lo dije antes: Patroclo de la novela no sirve para nada además que para curar heridas y amar a Aquiles. Tanta es su mediocridad que, personalmente, me cuesta enormemente comprender por qué Aquiles se interesó en él desde un principio. «Siempre me sorprende» decía Aquiles cuando le preguntaban por su interés en el soso muchacho. ¡Seguro! Le sorprende que tenga tan poco carácter a pesar de haber tenido una vida tan interesante.

El Patroclo de Miller no es ni siquiera una caricatura del Patroclo original. Una cosa es tomarse licencias y otra es convertir a tu personaje principal en un títere de trapo. Este es el punto que más me frustra de toda la novela. Patroclo es indeseable, aburrido y lo único que lo hace interesante es su amor hacia Aquiles. El personaje tiene un poco de redención al final, pero el cambio es tan súbito e inesperado que es poco realista. ¡Y miren que se necesita mucho esfuerzo para que algo lleno de dioses, nereidas y profecías se sienta irreal!

No me cuesta trabajo entender por qué este libro gusta tanto. El amor entre Patroclo y Aquiles es descrito hermosamente, pero como una historia basada en la Ilíada, la caracterización deja mucho que desear. La autora nos vende un fanfic, un fanfic muy malo, OOC (out of character) y que, pienso, solo podrá ser disfrutado por la gente que no conoce los mitos originales o bien, como Aquiles, fue capaz de encontrar belleza en Patroclo.

Por el contrario, si eres conocedor de los mitos, puede que esta no sea la novela más indicada para ti a menos de que puedas etiquetar este libro como ‘entretenimiento’ y nada más. Es doloroso ver a los personajes que ya conoces utilizando máscaras de cartón que les impiden demostrar verdadera pasión o emoción.

En un mundo que prefiere evitar la interpretación de Aquiles y Patroclo como amantes, la Canción de Aquiles es una oportunidad fallida. Como mencioné anteriormente, funciona bien como historia original, pero ¿habiendo leído la Ilíada? Las malas caracterizaciones lanzan por la borda unos diálogos preciosos y un muy rico conocimiento de los mitos.

¿Conclusión? Le doy cero pulgares para arriba o para abajo. Recomendado para la gente que no conozca la Ilíada o que no se tome la vida tan en serio como yo.

¿Disfrutaste el libro? ¡Maravilloso! ¡Léelo mil y un veces! ¡Comparte tu amor y disfrútalo al máximo! Ignora a amargados como yo y lee la segunda y más popular novela de Miller: Cirse.

¿No lo disfrutaste? ¡Únete al exclusivo club y haz tu propia reseña con la esperanza de que esta te permita seguir adelante y olvidar los traumas provocados por este libro!

¡Phew!

Y bien, con eso fuera de mi sistema espero poder dejar de pensar en esta historia que tanto me frustró.

¡Espero que no hayan odiado esta reseña y, sobre todo, que todos ustedes tengan un maravilloso 2020! ¡Que este nuevo año esté lleno de satisfacciones, logros y felicidad!

Reseña: El Conde de Montecristo

Buenas tardes a todos, mis queridos lectores.

Como quizá no se han dado cuenta, no he publicado en el blog desde hace casi medio año. ¿Mis motivos? Pensé que a estas alturas tendría más información de mi próximo libro, pero me he percatado de que su estreno se atrasará varios meses más. Debido a esto, decidí aprovechar este bello espacio para publicar algunas entradas de mi antiguo blog. Las entradas estarán corregidas y aumentadas (en su caso) y espero las disfruten tanto como yo llegué a hacerlo en su momento.

¿Y cómo empezaremos? Con la reseña de uno de mis libros favoritos.

Muchos libros me han quitado noches de sueño y me han generado enfermizas obsesiones. La Odisea es el ejemplo más claro, pero el Club de la Buena Estrella y LOTR son otros ejemplos de las modas que se imponen en mi cabeza con más frecuencia de la que deberían.

Hace no mucho mi fanatismo me llevó a los Tres Mosqueteros: una novela divertida, ligera y honestamente populachera. Era cuestión de tiempo para que mi agrado hacia Alejandro Dumas me llevara hacia otro de sus longsellers: El Conde de Montecristo.

Abrí el libro con reticencia. Gracias a sus varias adaptaciones sabía de qué trataba la historia, pero no me llamaba en exceso la atención. Además era un libro largo, pesado y que había inspirado a una telenovela latinoamericana.

En un intento de ser lo más optimista posible, abrí la primera hoja y fue entonces que conocí a Edmundo Dantés: un marino sumamente hábil y noble, aunque no precisamente muy inteligente o interesante. A pesar de su corta edad, Edmundo fue elegido como el nuevo capitán de uno de los barcos del comerciante Morrel: el Faraón. Radiante de felicidad, corre a su humilde casa en Marsella para darle la buena nueva a su anciano padre y a su hermosa prometida, Mercedes.

No pudiendo esperar más tiempo, Mercedes y Edmundo deciden casarse e iniciar una nueva vida juntos, protagonizando una trillada historia de amor como cualquier otra.

Afortunadamente, esta historia de amor es truncada de un modo cruel y terrible. La felicidad de Edmundo despierta el encono de cuatro personajes: Fernando Mondego, el primo de Mercedes a quien ama desde que eran pequeños; Danglars, primero al mando del Faraón, celoso de que el Sr. Morrel eligiera a Edmundo antes que a él para ser el nuevo capitán; Villefort, subprocurador del rey que reconoce en Edmundo un testigo con información que podría perjudicar toda su carrera política; y Caderousse, un panadero fácilmente corruptible que no era tan malo en un inicio pero cuya torpeza y avaricia lo llevarán a caer muy bajo.

Estos cuatro personajes pondrán su granito de arena para acusar a Edmundo de un crimen que no cometió y encarcelarlo en el temible calabozo del Chateau d’If en una rocosa isla cerca de Marsella.

Encarcelado por un motivo que desconoce, Edmundo es llevado al borde de la desesperación, la locura y el odio. Pasan los años y nuestro protagonista comienza a convencerse de que su padre ya no sigue con vida y de que Mercedes seguramente se ha olvidado de él. Solo un sentimiento evita que se suicide: esperanza.

Un día, por azares del destino, conoce a otro prisionero llamado Faria. Este es un abate al cual llaman loco debido a que constantemente ofrece millones de libras con tal de que lo liberen. Juntos, idean un plan para escapar de prisión. En sus tiempos libres Faria le enseñará a Edmundo todo lo que sabe, que es bastante. Faria es un gran estudioso, químico por nacimiento e historiador por experiencia. Por si fuera poco, le ayuda a entender quiénes fueron los culpables de su encarcelamiento. Poco a poco Edmundo comenzará a llenar su cabeza con ideas de venganza.

Pasa el tiempo y, finalmente, a 14 años del encarcelamiento de Edmundo, este logra escapar. No solo eso, también descubre que el abate Faria no estaba tan loco como todos creían. Después de seguir sus cuidadosas instrucciones, Edmundo llega a una pequeña isla llamada Montecristo donde yace un tesoro invaluable.

Y cuando digo invaluable me refiero a que Edmundo se hace repugnantemente millonario.

Algunos años después, cambiado por el dinero, los viajes, los años de encarcelamiento y el recelo, Edmundo llega a París con una nueva identidad: el Conde de Montecristo.

El conde es visto por sus congéneres como un millonario sapientísimo y extravagante, pero con un halo de misterio y peligrosidad: una persona de la que saben que se tienen que cuidar pero que pocos lo hacen porque es sumamente encantador. El conde es atractivo, inteligente, astuto y su amabilidad tacha a lo absurdo. Son todas esas cualidades las que distraerán a los parisinos de su verdadero propósito en la ciudad: vengarse de Villefort, Danglars y Fernando.

Estos hombres se la han visto bastante bien desde que Edmundo desapareció. Fernando se casó con Mercedes y se convirtió en un valiosísimo oficial del reino; Danglars se volvió un importante banquero lleno de recursos; y Villefort se convirtió en el útil y estricto procurador. Así pues, los tres manejan los tres poderes de París: el ejército, la economía y la ley.

Aun así, el conde tiene sus movimientos bien planeados para asegurarse de aplastar a los tres traidores con toda la fuerza que Dios impuso en él: el autoproclamado ángel de la venganza.

Lo ayudarán incondicionalmente sus sirvientes, entre los cuales se encuentra un hombre grande y fuerte llamado Alí y la hermosísima Haydée, una princesa griega a la que compró en un mercado de esclavos. También utilizará como medios de su venganza a los familiares y amigos de los traidores, tejiendo así una intrincada red que la mayoría de sus enemigos no verá sino hasta que sea demasiado tarde.

El Conde de Montecristo es una novela de venganza que nos instará a llegar hasta el final para saber cómo es que el trío maligno recibe su merecido. Edmundo es un protagonista que despierta mucha empatía y el lector no querrá otra cosa sino verle triunfar.

Tenemos muchísimos personajes y la mayoría de ellos serán importantes en algún punto, lo cual hace que sea un libro complicado de iniciar. Hay personajes agradables, desagradables y adorables. Por ejemplo, en lo personal creo que Fernando es de esos personajes que amamos odiar. No es un hombre terrible pero, ¡joder! lo queremos bien muerto. Caderousse, en cambio, es sucio y no muy inteligente. Tuvo varias oportunidades para redimirse, pero decidió no hacerlo y la muerte parece un castigo muy pobre para su estupidez.

¿El Conde?

Es delicioso. Es hermosamente maligno, asquerosamente millonario y, sobre todo, brillantemente inteligente. Sin duda está entre mis cinco protagonistas favoritos de la literatura.

En cuanto a nivel literario, el estilo es ligeramente más cuidadoso que en el de los Tres Mosqueteros. Es un lenguaje simple, pero con varias alusiones históricas y culturales. No obstante, la complicada trama se maneja con agilidad e imparte a la lectura una fluidez poco común en libros tan largos.

Existen muchísimas adaptaciones del Conde de Montecristo. Películas, telenovelas, animaciones y comics/manga. No obstante, ninguna de las que he consumido le hacen justicia a un libro tan astuto y emocionante.

El Conde de Montecristo es un libro clásico, divertido y 100% recomendable que debe ser leído por todos aquellos que disfrutan la intriga, las aventuras y los millonarios.