Reseña: Song of Achilles

Admito que he dudado por mucho tiempo en escribir una reseña de uno de los clásicos LGBT más clásicos de todos. ¿Por qué? Simplemente por el hecho de que mucha gente ama la Canción de Aquiles, Song of Achilles, escrito por Madeline Miller. Muchos lo aman y yo… simplemente no lo hice.

Sin embargo, es 2020, nuevo año y una nueva oportunidad para ser honestos con el mundo y, sobre todo, de descargar un poco la frustración con la que cargamos antes de que esta comience a destrozarnos por dentro.

*tic en el ojo*

Así pues, con el deseo de no irritar a nadie más de lo usual, procederé a relatar la historia de la Canción de Aquiles y por qué me parece que falló tan terriblemente.

Todo comienza con el que será el protagonista a lo largo de la novela: Patroclo. El joven, hijo del rey Menecio, es un muchacho particularmente promedio. No es especialmente bello, ni inteligente, ni grácil, ni ágil, ni fuerte. El muchacho es tan simple que uno se pregunta qué diablos pensó Menecio cuando decidió convertirlo en un pretendiente para la hermosa princesa de Esparta, Helena, hija del mismísmo Zeus. No obstante, lo hizo y decidió llevar a su pequeño a combatir contra reyes y hombres del linaje de Zeus por la mano de la mujer más hermosa del mundo.

El plan de Menecio se descubriría en Esparta, donde explica que él sería el esposo de Helena en todo menos en nombre. No puede postularse abiertamente porque sigue casado (porque, obvio, eso siempre detenía a los aqueos de tener otras mujeres), pero pueden contar con Patroclo para que tome el nombre de esposo. Menecio es la mejor propuesta, explica, no hay nadie tan rico como él y convertirá a Helena en una poderosa reina.

Desafortunadamente para Menecio, su plan no resulta como esperaba ya que el muy famoso Odiseo hace una mejor propuesta: Helena debe elegir a su propio prometido. ¿Cómo? ¿Una mujer teniendo voz y voto? ¡Pft! Descuiden, no es lo que parece. El asunto es sencillo: sin importar qué prometido elija, lo más seguro es que al menos uno de los aspirantes ignorados decidirá armarse en contra de Esparta para obtener por la fuerza lo negado. Sin embargo, al darle la decisión a Helena, se libera a su nación de la responsabilidad. No solo eso, Odiseo propone que el resto de los aspirantes juren que ayudarán al futuro esposo de Helena si acaso alguien intenta irrumpir en su matrimonio.

Dentro de unos capítulos esta idea sonará terrible, pero en ese momento todo tiene sentido y todos juran respetar la decisión de Helena. La mujer elije a Menelao, hermano del rey de Micenas, y el resto de los pretendientes se retira a regañadientes.

Tiempo después, Patroclo está de regreso en su ciudad y habría vivido el resto de su aburrida vida en la aburrición de no ser porque, cierto día, mata por accidente a un joven. Menecio ve este acontecimiento como una gran oportunidad para deshacerse de su hijo y lo exilia hacia Ftía, al cuidado del rey Peleo.

El rey Peleo era famoso no solo por haberse casado con una ninfa del mar, sino también por su gran colección de muchachos exiliados. Aquella era una situación ganar-ganar: él recibía a jovencitos que, de lo contrario, serían ejecutados por cuestiones varias y su arca se llenaría de tesoros otorgados por los padres de dichos jovencitos.

Será ahí que conocerá al hijo de Peleo, Aquiles. Aquiles es un niño modelo: es bello, inteligente, grácil, ágil y fuerte. Básicamente es todo lo opuesto a Patroclo y, quizá por eso (?), se convierten en los mejores amigos. Patroclo se convierte en el therapon de Aquiles: un hermano de armas que juró proteger la vida y el honor del príncipe. Esta noticia no será bien recibida por la madre de Aquiles, quien espera lo mejor y más grande para su hijo. Afortunadamente, dice, Patroclo no será un inconveniente por largo rato. Su vida será corta y será gracias a su muerte que Aquiles podrá alcanzar la divinidad.

Y ustedes que pensaban que la tenían difícil con sus familires políticos…

La Educación de Aquiles por James Barry

A pesar de la amenaza de la ninfa, Aquiles y Patroclo continúan su amistad hasta la cueva de Quirón, un centauro sumamente inteligente que les enseña artes, herbolaria y medicina. Es aquí que Patroclo finalmente descubre algo en lo que es bueno: curar a los heridos. ¡Y gracias al cielo! ¡Lo necesitará en unos años cuando Paris se robe a Helena y se la lleve hasta Troya, obligando así a Patroclo, Menelao, Odiseo y muchos otros hombres a dirigirse a las lejanas tierras para recuperar a la mujer y hacer algunos saqueos en el proceso!

¡Ups!

Y es que es así, mis queridos. Nuestros muchachos apenas comenzaban a convertirse en verdaderos adultos cuando inicia la guerra de Troya y Patroclo y Aquiles se ven envueltos en el embrollo más por las tretas de Odiseo que por juramentos antiguos.

La expedición es fatídica desde un comienzo. Los jóvenes comprenden que no sobrevivirán a la guerra y será entre tan malos augurios que comenzarán a descubrir lo que sienten el uno por el otro.

El libro, por sí mismo, está hermosamente escrito. Aquiles no solo ama Patroclo con intensidad, sino que en breves palabras es capaz de expresar un mar de dulces emociones. Patroclo, por su parte, corresponde a Aquiles en la misma magnitud, pero a diferencia de él, le cuesta un poco más olvidarse de los oscuros augurios que les depara el futuro.

Tristemente, los dioses son firmes en su decisión: ni uno ni otro sobrevivirá a la guerra y llegará el momento en el que Aquiles tendrá que seguir adelante a pesar de haber perdido a su amado Patroclo.

El libro tiene varios aciertos. El más claro es el hecho de que la autora conoce muy bien el origen de la historia y tiene una buena capacidad para relatarlo. También me gustó el hecho de que Aquiles fuese presentado como el bisexual que era. Fácilmente pudo haber forzado a este personaje a solo tener interés en Patroclo, pero la autora optó por el realismo antes que el romanticismo. Finalmente, la narrativa del libro es especialmente astuta, y nos ofrece un punto de vista diferente al que estamos acostumbrados.

Si esta historia hubiese sido una original, alabaría a la autora por su sencillo estilo de escritura y las hermosas palabras de amor entre los personajes principales.

PERO

No.

Esta no es una historia original. Esta historia está basada en la Ilíada y en varios otros mitos y, si bien la mitología griega no se limita a un canon, lo que sí debería respetar es la congruencia. ¡Y vaya que no tenemos de esa por aquí!

En primer lugar tenemos a Aquiles. En un inicio el muchacho es un jovencito encantador, travieso y ambicioso pero a grandes rasgos no muy diferente a una ninfa de los bosques. Todo va muy bien hasta que empieza la guerra y… pues se nos transforma en un hombre violento y sediento de sangre. Ama y adora a Patroclo, pero el tipo básicamente se vuelve loco de remate y no hay una explicación para el cambio. Es cierto que la guerra cambia a las personas, pero aquí el cambio fue tan brusco que carece de sentido. Pareciera que la autora fue incapaz de ligar al más grande de los aqueos con el hombre que amaba a Patroclo, así que unió dos personalidades muy diferentes en un solo personaje. Esto me pareció sumamente frustrante. La guerra despierta lo peor y lo mejor del ser humano. El maniático asesino de troyanos puede ser, a su vez, el tierno amante de Patroclo, pero en este caso las acciones se sobreponen y terminamos con un Aquiles desbalanceado e incongruente que es difícil de seguir.

En segundo lugar está el resto de los personajes. Tenemos a personalidades de la talla de Agamenón, Ayante y Filoctétes, pero casi todos son acartonados y poco más que extras de una telenovela. Lo peor de todo fue lo que le hicieron a Diómedes. El famoso rey era fuerte y casi tan inteligente como Odiseo, pero lo escriben como un bruto que tiene apenas dos dedos de frente. El único personaje secundario que tiene algo de carácter es Odiseo y eso porque es prácticamente imposible echar a perder a un personaje tan inherentemente carismático. El trabajo de la autora era hacer un fanfic con estos personajes y la autora falló severamente en su misión. Nos trajo personajes que no son los que conocemos y amamos y su mera presencia choca brutalmente con lo que estamos leyendo y lo que creémos que debemos leer.

Cuando tu Patroclo tiene menos personalidad que el Patroclo de la película Troya, tienes un grave problema.

En tercer lugar -y muy ligado al segundo punto-, tenemos a Patroclo. En los mitos, Patroclo era considerado un gran guerrero, un hábil jinete que fue capaz de tornar el curso de la batalla con solo portar la armadura de Aquiles. Es un hombre involucrado en la guerra, quizá no tan deseoso de la fama como Aquiles, pero que buscaba proteger a sus compañeros con ahínco y que, cual Ares, arremetió contra los troyanos y se enfrentó con valentía contra Héctor. El fuerte y aguerrido hombre de la Ilíada en nada se parece al Patroclo de la novela, donde sufre una inquietante feminización que convertirá su relación con Aquiles en algo dolorosamente heteronormativo.

Lo dije antes: Patroclo de la novela no sirve para nada además que para curar heridas y amar a Aquiles. Tanta es su mediocridad que, personalmente, me cuesta enormemente comprender por qué Aquiles se interesó en él desde un principio. “Siempre me sorprende” decía Aquiles cuando le preguntaban por su interés en el soso muchacho. ¡Seguro! Le sorprende que tenga tan poco carácter a pesar de haber tenido una vida tan interesante.

El Patroclo de Miller no es ni siquiera una caricatura del Patroclo original. Una cosa es tomarse licencias y otra es convertir a tu personaje principal en un títere de trapo. Este es el punto que más me frustra de toda la novela. Patroclo es indeseable, aburrido y lo único que lo hace interesante es su amor hacia Aquiles. El personaje tiene un poco de redención al final, pero el cambio es tan súbito e inesperado que es poco realista. ¡Y miren que se necesita mucho esfuerzo para que algo lleno de dioses, nereidas y profecías se sienta irreal!

No me cuesta trabajo entender por qué este libro gusta tanto. El amor entre Patroclo y Aquiles es descrito hermosamente, pero como una historia basada en la Ilíada, la caracterización deja mucho que desear. La autora nos vende un fanfic, un fanfic muy malo, OOC (out of character) y que, pienso, solo podrá ser disfrutado por la gente que no conoce los mitos originales o bien, como Aquiles, fue capaz de encontrar belleza en Patroclo.

Por el contrario, si eres conocedor de los mitos, puede que esta no sea la novela más indicada para ti a menos de que puedas etiquetar este libro como ‘entretenimiento’ y nada más. Es doloroso ver a los personajes que ya conoces utilizando máscaras de cartón que les impiden demostrar verdadera pasión o emoción.

En un mundo que prefiere evitar la interpretación de Aquiles y Patroclo como amantes, la Canción de Aquiles es una oportunidad fallida. Como mencioné anteriormente, funciona bien como historia original, pero ¿habiendo leído la Ilíada? Las malas caracterizaciones lanzan por la borda unos diálogos preciosos y un muy rico conocimiento de los mitos.

¿Conclusión? Le doy cero pulgares para arriba o para abajo. Recomendado para la gente que no conozca la Ilíada o que no se tome la vida tan en serio como yo.

¿Disfrutaste el libro? ¡Maravilloso! ¡Léelo mil y un veces! ¡Comparte tu amor y disfrútalo al máximo! Ignora a amargados como yo y lee la segunda y más popular novela de Miller: Cirse.

¿No lo disfrutaste? ¡Únete al exclusivo club y haz tu propia reseña con la esperanza de que esta te permita seguir adelante y olvidar los traumas provocados por este libro!

¡Phew!

Y bien, con eso fuera de mi sistema espero poder dejar de pensar en esta historia que tanto me frustró.

¡Espero que no hayan odiado esta reseña y, sobre todo, que todos ustedes tengan un maravilloso 2020! ¡Que este nuevo año esté lleno de satisfacciones, logros y felicidad!

3 comentarios en “Reseña: Song of Achilles

  1. A mí me persigue este libro, trato de no pensar en él y vuelve a mí porque alguien lo recomienda, jajaja. Estoy totalmente de acuerdo, como ya te he dicho. La otra vez un amigo hizo un livestream de Twitch leyendo los primeros dos capítulos (en joda) y es INCREÍBLE cómo Patroclo es exactamente la misma persona en la página 1 que en la última en que aparece.

    Un personaje tiene que aprender algo, cambiar, o si no cambia él, cambiar a los que están a su alrededor. Patroclo no hizo ninguna de las dos cosas. Recuerdo entre las muchas partes que me enojaron una en especial que casi me hace dejar de leer, y es cuando Patroclo se ofrece a usar la armadura de Aquiles y él dice “Pero vos no sabés pelear”. Fue tan violento que me recordara que un gran guerrero de la historia como Patrolo NO SABE PELEAR en ese libro. Wow. Just WOW.

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    1. Igual… es una pena que tan buen concepto nos haya dejado tan insatisfechas. Juro que tengo ganas de escribir algo sobre Patroclo y Aquiles solo para quitarme el mal sabor de boca. Pero luego pienso en la investigación que involucraría y se me quita. 😛

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